Con tu permiso,
me coloco detrás de la sombra de tu sombra
y me revuelco en la oscuridad de tu memoria,
hacemos nacer la Luna con un beso
o sumergimos en la demencia de un abrazo
la pasional fricción de una caricia.
Con tu permiso,
te hago un ramo de estrellas fugaces
con palabras sembradas en la poesía,
me hago intangible a la humanidad
como un hermoso destierro hacia el paraíso:
no quiero aprender a vivir sin tu boca.
Con tu permiso,
te hago un jugo de lagrimas de alegría
y propongo un brindis bajo la lluvia,
bajo las sabanas, bajo nuestra responsabilidad,
bajo protesta y contraprotesta,
bajo la piel;
tu piel que es melodía de luz,
tu piel que es imán de mi boca
o nido de pájaro de fuego
que hace vibrar mi pecho para vivir.
Con tu permiso,
me someto a tu espada,
la desfundo de tus labios
y me hago tibias cortadas
de deliciosa temperatura.
Con tu permiso me hago sordo
para que me hables con tus besos.
Con tu permiso
me vuelvo un lobo lunático
que te habite todos los días.
© Ulises Casal
Mujer, te he encontrado alguna vez en mi cama,
en noches de dimensiones paralelas a tus labios,
capullo de besos taciturnos, desmesurados, libidinosos.
Te he encontrado una ciudad en la espalda
donde el beso de mis labios abrió tu piel
y con tu piel se abrió el mar,
y abiertos tus cielos se abrió tu sangre y a mí me absorbió también,
todo se coló por tu espalda:
los universos, las palabras, las luces;
se consumieron las alas que mueven los labios,
todo se ha dejado integrar por ti.
En tu costado se sembró un poeta que te versa desde las venas;
detrás de ti explotó la eternidad,
tus prístinos lunares tatuaron el mapa que me dirige a tu desnudez
como secretos que se desvanecen en tus vertebras.
Yo te estoy atravesando el alma,
te desnudo los ojos con la voz,
me cuelo por tus uñas,
soy la punzada que te llueve.
Cuando te apareces en mí
somos océanos parpadeando ocasos
en el espacio de nuestras miradas;
nuestro color es la gravedad que hace llover estrellas,
o letras, o recuerdos de vidas futuras.
Las brújulas de nuestros sueños
se dirigen a nuestra luna, a nosotros:
juntos somos la luna.
Juntos hemos hecho del amor, el amor.
Cuando se trenzan nuestras bocas nacemos un imperio,
y somos incontenibles, y mágicos, y sublimes:
somos la algarabía del infinito
y hacemos del amor un majestuoso sentimiento de carne y hueso y alma.
Te he contenido en mí como la respiración:
tan libre como indispensable para vivir.
Píntame,
pinta nuestro autorretrato,
píntate, yo te he visto pintar sueños,
te he soñado pintar visiones,
te he pintado sueños nunca antes vistos.
Píntame un poema con la lengua en el cuello,
coloréame de tu saliva,
te doy mi piel como el tapiz de tu obra maestra:
hagamos arte, del amor hacemos nuestra arte.
La noche es nuestra casa,
somos las entrañas de la noche susurrando nuestras verdades,
escandalizando en silencio
hacemos temblar los sueños con tanta ternura
que los mismo sueños tienen una sonrisa en la mente;
la ternura que es solo tuya y mía
por la que tenemos dulzura en toda la memoria.
Escucha, somos nosotros.
ese sonido de tu pecho eres tú conmigo,
me lees cuando te siento,
te escribo aquí contigo allí dentro,
lo sientes?
somos nosotros,
pervertidos, lunáticos, solo nombres que son nosotros,
nosotros que somos todo lo que sientes y siento,
somos más que la inmensidad...
somos más de lo que puedas llegar a imaginar...
me sientes a ti misma,
te tiemblo ahora, me tiemblas,
nos reconstruimos,
reafirmados,
como la Luna que somos.
© Ulises Casal
Esconde mi alma en tu cabello.
Recoge mi corazón, guárdalo en tu pecho.
Mira al cielo, bájame de la Luna;
libérame en un suspiro, despídeme en tus palabras;
guárdame en tu respirar, enciérrame en tu sien;
déjame dentro de tus sueños.
Siénteme en tus labios,
bésame en la oscuridad; hablame en silencio;
diviértete con mis recuerdos.
Súfreme en tu imaginación,
súbeme a tu tez y bájame del cielo;
dame el valor de tu anhelo,
el rincón en que no quieres llorar,
el paraíso escondido en tus latidos,
la música que dentro de mí no oyes.
guíame con tus ojos cerrados,
cuando nos hacemos un solo cuerpo,
cuando mi piel se pega a la tuya,
cuando mis besos te toquen.
No hay bonanza en limosnas
que las mías son deseos.
Tócame con solo escucharme,
ilumíname con tu sonrisa,
hazme sentir con una caricia,
con una palabra y una mirada.
Revíveme con un beso
de lo único que dependo
es de escucharte decir "te quiero".
Quiéreme porque duele amar,
duéleme que al quererte te amo.
© Ulises Casal
Inmóvil, con sed de matar, con este aire que raspa,
cuando hay palabras cancerígenas
que carcomen mis oídos y mastican por dentro,
que se expanden por toda la sangre
y te convierten en un homicida fantasioso.
Tengo las manos temblando de ansias;
quieren marcar sus huellas digitales
en alguna garganta que aún me grita en secreto.
Siento mis venas queriendo escapar de mi piel.
Veo mis uñas mordidas y muertas.
Me siento asesino y asesinado,
tengo navajas clavadas en mis pulmones,
casi vacíos o llenos de nada, corrompidos;
cortaditas en los labios, marcas de mis dientes;
ojos rojos, exprimidos, desgastados.
Estoy con hambre de gritar y con sed de sangre,
sangre tibia que imagino muerta,
muerte provocada por el cáncer de las palabras
cuando el aire me raspa y provoca esta sed
que no se calma porque me mantengo inmóvil.
© Ulises Casal
Únete a tu cuerpo, gacela de papel,
el tiempo del decoro es un pasaje de tu sonrisa
-laberinto de peculiar memoria-.
Confieso que a veces le hablo a tus muertos,
me disfrazo de tus labios y les grito sorbos de vino,
y mi paladar se desangra con tus gritos,
con los versos que salen de mi pluma,
con la saliva de los besos aferrados a la boca.
¿Acaso la sombra se me está despegando?
No sé si el vientre me reclama algo
solo sé que se va desintegrando como las caricias
lentamente en medio de las manadas de amor;
no le hablo a nadie ahora,
estoy tontamente inmaculado,
curado de plegarias y sollozos,
caminando por mi piel con mis dedos,
señalando con la música
la cansada revuelta de los tréboles sin suerte,
del otro lado, me tiro a la basura del almidón
en los bordes de los pecados y las perversiones,
esa gota madura que lubrica tus mejillas con sonrojo
y erecta tus vellos al compás del silencio,
de ese lado aunque me caiga,
aún en el vacío,
estoy completamente complacido.
© Ulises Casal
Como se consume un delito entre sombras menguantes,
me disperso en la llama de mi arena sin salpicar a nadie.
Ya los tuertos se me avientan para mostrarme el filo de su ojo
como municiones de lánguidos y soberbios pensamientos.
Yo no me construyo a solas.
A veces la neblina sorbe mi ánima,
tapiza el cielo con mi vaho y deforma el pensamiento,
y la alfombra me recuerda deliciosos trazos asimétricos.
Así me destrozo la ceja izquierda tratando de robar una mirada
y el silencio se suaviza para dejarme escapar.
Me están respirando todos,
se envenenan de mis pupilas y la furia de mis colores,
de mis palabras desnudas,
del morbo de saberme,
de la ansiedad de inventarme.
A veces se me ocurre trepar una telaraña,
colgarme de una nube a soñar despierto,
sonrojar el alba con algún verso
y menguar detalles para salvar a algún demente del corazón.
Yo quiero colocar el árbol de mi cuerpo frente a tu casa,
dejar caer por las noches una manzana o un durazno,
o un poema
para que comas dulcemente de mí.
Así como se construye un paso,
quiero crear estrellas o la ternura que siempre se extraña.
Ahora que soy celeste
hago del sonido del humo de cigarro un dulce tono
que sirve para hidratar el cielo de motivos,
para luego sonreír en la llovizna
junto a esta Luna creciente.
© Ulises Casal
Tengo un precipicio angustioso
enterrado en las lagunas del aire,
como demoliendo las pesadas horas
que no dejan de estar de paso;
mi espalda me retrae,
me absorbe hacia mí mismo,
y hoy que estoy sin ánimos de crear momentos
o destruir medias palabras,
con la frente que carga causas innobles,
con dobleces de nervios
que no se esparcen ni siendo
arena o mar,
siento deformarse el viento
en pedacitos de tersas y temblorosas marcas
y una manada de escalofríos
me recorre las vertebras
y la consciencia.
Mañana quiero encontrarme
un niño dibujando mi vida.
Ahora quiero existirme
en un lugar entre el espacio
que se deja justo antes
de una caricia,
en un hueco
donde haya un pequeño espacio
para las intenciones y los actos.
¿Y si un día me callo?
No se callará nadie,
si dejo de moverme
la vida dentro de mí
censurará las palabras
de los versos que me sostienen
y alguna voz divina
me animara a dar un paso.
En un momento me callo
escupo un cometa
y hago un castillo,
con la arena de la Luna,
en donde puedo ver
una embestida de alfileres
o delfines rojizos
pasando por encima
en este mar que está en el cielo,
en medio de un crepúsculo
que no termina.
© Ulises Casal